Denuncian a dueño de escuela privada por maltratos

11 Enero 2018 / 7:45

“Tendrías que haber juntado cartones para pagar tu educación y no lo hiciste porque sos una vaga y una incapaz”. Esas fueron las palabras que el director y dueño del Instituto San Martín, Teodoro Amici, le dijo a Oriana Álvarez en marzo del año pasado y por las que se cambió de escuela. La adolecente de 17 años llevaba un mes sin poder empezar el último año del secundario porque sus padres arrastraban una deuda en el pago de las cuotas del colegio privado. La mamá había ofrecido garantías de dos autos y una moto para que pueda terminar el secundario con sus compañeros pero no fue suficiente.

Después de semanas de idas y vueltas con los abogados del instituto, Amici las citó a una reunión. Insultó a Oriana, le dijo que sus buenas notas y que fuera abanderada no valía de nada y firmó el pase a otra institución. En diciembre, una vez que terminó sus estudios, Oriana hizo la denuncia por violencia de género en el Ministerio de Educación y en la Comisaría de la Mujer. Tomó la decisión cuando se enteró por las noticias que el mismo colegio no había permitido a un chico ir al acto de colación por su corte de pelo. El titular de Sadop, Martín Lucero, opinó que un directivo que trata de esa manera a una alumna no debería tener una licencia. Pidió que tanto la Justicia como el Ministerio investiguen y sancionen al colegio.

En marzo del año pasado Oriana no fue al primer último día de clases. Como es tradición entre los chicos que empiezan quinto año, festejó con sus compañeros la noche anterior y cuando a la mañana llegaron a la puerta de la escuela de Salta al 1400 se fue a la casa. No podía comenzar el cursado por una deuda en el pago de las cuotas, que con los intereses y los honorarios de los abogados del colegio llegaba a los 50 mil pesos.

En diálogo con El Ciudadano, la mamá, Gabriela Requena, contó que durante un mes mantuvo reuniones con los abogados para encontrar una salida. “Me daban mil vueltas, me pidieron garantías de todo tipo, hasta de un auto de alta gama. Yo les llevé todo lo que conseguí pero nada era suficiente y los días pasaban y Oriana no podía ir a clases”, recordó.

El 28 de marzo madre e hija fueron citadas a una reunión con Teodoro Amici, el director y dueño de instituto. Oriana contó que fueron con la esperanza de encontrar una solución. Antes de entrar, recordó, el vicedirector les dijo que iban a tener que escuchar el sermón de Amici pero que después iban a solucionar el problema.

Oriana contó que apenas entró a la oficina Amici le preguntó de qué signo era. Ella contestó que era de sagitario y él empezó a hablar. “La reunión es para que reflexiones sobre la deuda que tenés conmigo. Tus padres no tienen nada que ver. Vos sos la responsable. Deberías haber ido a juntar cartones para pagar tu educación. Todos mis alumnos del secundario estudian y trabajan. Tomaste una posición cómoda ante la situación. Yo ayudo a mi familia desde los 13 años y vos no lo hiciste porque sos una vaga y una incapaz”, recuerda Oriana que le dijo y ella empezó a llorar.

Oriana contó que intentó contestarle y que fue peor. “Me dijo que era una mentirosa y que cómo me atrevía a contradecir su palabra. Me decía que se había equivocado como institución porque había criado a una persona cómoda y que por culpa mía el país estaba como estaba”. Gabriela contó que no supo cómo reaccionar. “Nunca me esperé algo así. Mi hija lloraba y la abracé para contenerla y él se puso más violento. Empezó a gritar que la soltara porque era una cobarde”, recordó.

Según Oriana, cuando los insultos terminaron Amici le preguntó qué solución veía ella. “Le pedí el pase a otra escuela porque no merecía ser tratada así. Siempre di lo mejor por la escuela, tuve re buenas notas, no me llevé ni una materia. Pero él me dijo que mis notas no valían nada y agarró el pase que tenía preparado en el escritorio”, contó la adolescente. “Andate a una escuela pública, adonde tendrías que haber ido desde un principio. La gente como vos tiene que ir ahí”, recordó Oriana que dijo para cerrar la reunión. Ella se levantó, le dio la mano y salió.

Fuente: Diario El Ciudadano