Después de casi medio siglo de búsqueda e incertidumbre, la familia de Mario Alberto Nívoli recibió una noticia que cambió definitivamente su historia. El Juzgado de Córdoba confirmó la identificación de restos humanos hallados en el ex centro clandestino de detención La Perla, que corresponden a Mario, secuestrado y desaparecido durante la última dictadura militar argentina.
En diálogo con el programa Digamos Todo, Graciela Nívoli, hermana de la víctima, compartió las primeras sensaciones tras recibir la noticia. Cuando nos llamaron del juzgado de Córdoba para avisarnos, fue muy impactante. Al principio nos conmocionó muchísimo. Yo sentí mucho dolor porque lo habíamos buscado durante 49 años”.
La confirmación trae consigo una verdad dura: “Pasar de ser un desaparecido a un asesinado es algo que todavía tengo muy presente en el cuerpo. Lo vamos procesando de a poco”. Durante décadas, la familia sabía que Mario había estado detenido en La Perla, uno de los centros clandestinos de detención más emblemáticos del terrorismo de Estado. Sin embargo, la falta de pruebas concretas mantuvo abierta la incertidumbre hasta ahora.
Mario Alberto Nívoli tenía 28 años cuando fue secuestrado el 14 de febrero de 1977 en Córdoba. Vivía en un departamento contiguo al de sus padres, desde donde fue llevado por un grupo represivo. En ese momento, la persecución ya había golpeado a la familia. Otro de los hermanos de Graciela había sido detenido previamente en San Juan y permaneció preso hasta 1984.
Tras el secuestro, los padres de Mario y su esposa comenzaron una búsqueda desesperada, aunque bajo amenazas constantes. “Los amenazaron y se volvió muy difícil seguir buscándolo. Mario tenía dos hijos y su esposa tenía que hacerse cargo de ellos”, explicó Graciela.
El mayor de los niños tenía apenas dos años y medio, mientras que la menor tenía solo cuatro meses al momento de la desaparición de su padre. La incertidumbre marcó profundamente a la familia. “El dolor de saber que alguien está detenido y no poder saber dónde está es realmente terrible. Uno siempre se pregunta qué más podría haber hecho para encontrarlo”.
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