Agustina De Lucía, judoca rosarina de 27 años, habló con Javier Arrizabalaga en el progrma La Barra de Casal tras obtener la medalla de plata en los Juegos Suramericanos disputados en Rosario, y repasó el esfuerzo familiar y personal detrás de ese logro.
De Lucía, que practica judo desde los 4 años —hace 23 o 24 años—, contó que empezó a subirse al tatami incluso antes de aprender a caminar bien, y definió su vínculo con el deporte como una pasión que no puede resumir en una sola palabra. Remarcó que competir en su ciudad fue algo especialmente significativo: «no me lo voy a olvidar nunca».
Consultada por el esfuerzo detrás de la clasificación, la judoca relató que en su casa debieron hacer un sacrificio económico muy grande: su madre vendió budines, su novio le prestó dinero y su hermano le pagó los pasajes y sigue sosteniéndola económicamente. Aseguró que, pese a lo que tuvieron que atravesar, volverían a hacerlo sin dudarlo. En ese sentido, señaló que al ser un deporte poco conocido resulta muy difícil conseguir sponsors, algo que hoy están buscando activamente para afrontar los próximos torneos rumbo a los Juegos Panamericanos, ya que si bien está clasificada, debe mantenerse dentro del ranking de las nueve mejores para asegurar su lugar.
Sobre el apoyo institucional, De Lucía explicó que, a diferencia de compañeros que forman parte de la Selección y cobran una beca del CENARD, ella solo recibió respaldo de su familia y de su club, (Tiro Suizo). En ese sentido cuestionó la ausencia de la Federación pese a que los deportistas pagan una federación anual, y planteó que esa entidad debería acompañar también el proceso y no premiar únicamente el resultado.