El ejercicio realizado por el Ejército argentino en Rosario mostró novedades tecnológicas en embarcaciones

Fernando Quinodoz, ingeniero naval y representante del astillero VELOS, de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, habló en La Barra de Casal sobre los dos prototipos que se probaron en Rosario durante los ejercicios realizados por el Ejército en el río Paraná, frente a la ciudad.

El primer prototipo es una embarcación no tripulada, «un dron del agua», pensada para Fuerzas Armadas y Seguridad. Mide 4 metros de eslora, 1 metro de manga y 35 centímetros de puntal, por lo que al navegar prácticamente solo se ve la antena. Se maneja de forma remota y el próximo paso es pasar a comunicaciones satelitales, para no depender del enlace entre antenas. Quinodoz explicó que sirve para reconocimiento y exploración sin exponer personal, por ejemplo para evaluar si una costa es apta para un desembarco, y que a diferencia de un dron aéreo no tiene el límite de 20 a 40 minutos de vuelo: puede permanecer entre 15 y 20 horas en el agua, no hace ruido y puede transmitir imágenes nocturnas. Señaló que ya hay contactos con áreas de Prefectura para vigilancia de zonas de frontera y combate al narcotráfico, con operarios en una embarcación anclada manejando cada uno un dron en un radio de 15 a 20 kilómetros. A futuro, la idea es una familia de vehículos con propulsión eléctrica, incluso para logística entre puertos, aunque advirtió que en la Argentina todavía no hay legislación para embarcaciones no tripuladas.

El segundo desarrollo es una lancha rápida patrullera blindada para operaciones fluviales en la frontera norte, creada junto con ASP Blindajes. Pesa una tonelada y media, tiene poco calado, configuración de catamarán y una pasarela superior que facilita el abordaje de otras embarcaciones sin perder estabilidad, además de un gran baúl en proa. Hoy alcanza los 40 nudos con dos motores de 115 caballos y podría llegar a casi 50 con motores de 200. Durante los ejercicios estuvo a la par de las lanchas del Ejército y un patrón de bote con 30 años de experiencia quedó sorprendido por su maniobrabilidad a altas velocidades. Quinodoz sostuvo que la industria naval argentina es competitiva frente a lo importado y que tener el astillero en el país permite hacer modificaciones a pedido. Ambos son primeros prototipos y se van con experiencia para seguir mejorándolos.

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