Jaquelina, vecina del barrio de pescadores y quinta generación de su familia en el lugar, habló en el programa La Barra de Casal sobre las 157 cédulas judiciales que recibieron unas 45 familias, en un reclamo que reabre un conflicto por la propiedad de la tierra que se arrastra desde 2017.
Alrededor de 40 familias que viven de la pesca recibieron una cédula judicial para presentarse en un juicio iniciado por una empresa que afirma ser dueña de los terrenos desde 1998. Según explicó Jaquelina, el barrio se dividió en dos lotes: el más grande, donde viven las familias que hoy reciben la notificación, y otro donde están los puestos de pescado. En total llegaron 157 cédulas, entre ellas a personas fallecidas, menores de edad y personas con discapacidad. La empresa sostiene que los vecinos usurpan terrenos que no les pertenecen, mientras que ellos aseguran que el barrio lo construyeron con sus propias manos. «Este barrio lo construimos nosotros», afirmó.
Jaquelina contó que el barrio se formó hace 60 o 70 años, cuando los primeros pescadores llegaron a lo que era una laguna y fueron rellenando y levantando sus casas. «Estaban mis bisabuelos acá», recordó. Explicó que los terrenos pasaron de Newells a una empresa y luego, en 1998, a la actual demandante, que según ella los compró «sin saber que vivían personas». Ya en 2017 hubo un primer juicio con la misma firma, en el que los vecinos presentaron pruebas y que después quedó paralizado hasta ahora. Aclaró que nunca pagaron impuestos municipales sobre el terreno y que los medidores comunitarios de luz y agua fueron retirados con los años. Señaló también el abandono del municipio: «Acá nunca se hizo nada» y nadie se acercó a hablar con ellos. Describió al barrio como «fantasma», olvidado, y denunció que la costa se privatiza cada vez más.
En cuanto a lo que viene, Jaquelina precisó que el proceso recién comienza: la cédula es el primer paso para ingresar al expediente, y todavía no hubo presentación de pruebas ni instancia de mediación. Las familias cuentan con abogados, quienes les aseguran que van «bien encaminados». La vecina aclaró que no recibieron ninguna oferta de reubicación, solo la amenaza de desalojo.