Amanda Orellana es una niña de 9 años con síndrome de Down que atraviesa una compleja situación de salud. Su mamá, Luisa Delepiagge, relató al móvil de LT3 el difícil camino que debieron recorrer desde que la niña enfermó y la preocupación actual por la falta de acceso a la medicación que necesita para vivir.
Según explicó, en 2019 Amanda sufrió síndrome urémico hemolítico provocado por un neumococo, una enfermedad que le dejó graves secuelas. Las complicaciones afectaron especialmente a sus pulmones y provocaron que sus riñones dejaran de funcionar. Tras dos años de tratamientos y espera, finalmente la familia logró acceder a un trasplante. La intervención se realizó el 9 de noviembre de 2021, momento que marcó un antes y un después en la vida de la niña.
“Amanda tuvo su segunda oportunidad de vida”. Sin embargo, como ocurre con todos los pacientes trasplantados, Amanda debe tomar medicación inmunosupresora de por vida, indispensable para evitar que su organismo rechace el órgano recibido.
La relación con la obra social OSPAT comenzó a presentar dificultades incluso en el mismo año del trasplante. De acuerdo con el testimonio de Delepiagge, la entidad intentó modificar el equipo médico que atendía a Amanda y además no autorizaba la medicación indicada por los profesionales.
Ante esta situación, la familia debió iniciar un amparo de salud para garantizar el tratamiento adecuado de la niña. Desde noviembre la obra social OSPAT cerró sus puertas en Rosario, lo que derivó en nuevas dificultades para acceder a los medicamentos. Delepiagge denunció que actualmente la medicación no se entrega ni en tiempo ni en forma, lo que genera una situación de riesgo para la salud de Amanda.