¿Existe la posibilidad de que ocurra un terremoto en Rosario y la región?

Andrés Folguera, geólogo, docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) e investigador superior del CONICET, habló en el programa La Barra de Casal en el marco de la seguidilla de terremotos registrados en distintos puntos del mundo con efectos devastadores como los recientes de Venezuela, Colombia, España o Chile y analizó en particular qué riesgo sísmico existe en la región de Rosario y la Cuenca del Paraná.

Consultado sobre si la cercanía temporal entre distintos terremotos ocurridos en el mundo responde a algún patrón, Folguera explicó que existen dos explicaciones posibles. La primera es la de una «casualidad estadística»: las zonas donde se registraron los sismos son, de por sí, zonas sísmicamente activas, con eventos de esa magnitud y esas características de manera habitual. La segunda hipótesis remite a la existencia de sismos que gatillan otros sismos, fenómeno que, según explicó, se observó en Venezuela, donde un terremoto produjo otro apenas 40 segundos después. También mencionó que ciertas variables, como las mareas terrestres y lunares, pueden generar concentración de sismos en ventanas temporales cercanas. Folguera se inclinó por la hipótesis de la casualidad estadística para explicar la coincidencia entre los casos de Venezuela y Colombia, ya que ambos países presentan configuraciones tectónicas muy diferentes y pertenecen a profundidades distintas, aunque no descartó que en el futuro pueda publicarse un estudio que establezca alguna conexión entre ambos eventos.

El geólogo aclaró que este tipo de análisis tiene relevancia académica, para comprender el funcionamiento de estos fenómenos, pero descartó cualquier repercusión práctica para la región: remarcó que está prácticamente descartado que se produzca una cadena de sismos que avance desde Ecuador, Perú y Bolivia hasta la Argentina. Lo que sí ocurrirá, señaló, es que la región tenga sismos con características similares a los de Venezuela y Colombia en los próximos años, ya que este tipo de eventos de magnitud 6,5 a 7,5 se repite cada 20 o 30 años en distintos puntos del planeta, con consecuencias que dependen de la densidad de población del lugar donde impacten.

Ante la pregunta sobre si Rosario está exceptuada de un eventual sismo, Folguera fue cauto: explicó que si bien la Cuenca del Paraná no registra sismos históricos destructivos, sí presenta sismicidad leve y fallas activas. Citó el trabajo de un geólogo argentino que dedicó su carrera al estudio de las fallas activas de la cuenca, y que detectó una falla activa en el propio río Paraná, además de otras en la llanura chacoparanaense y en la zona mesopotámica. Como antecedente, mencionó que en 1888 se registró un sismo en la cuenca del Río de la Plata, presuntamente asociado a la falla que corre a lo largo del río Paraná.

El especialista explicó que estas fallas mesopotámicas tendrían una recurrencia mucho más larga que las fallas andinas: mientras estas últimas producen sismos destructivos cada pocas decenas de años, las de la región del Paraná podrían tener ciclos de recurrencia de hasta mil años, aunque aclaró que, al no conocerse la fecha del último gran sismo en la zona, resulta imposible determinar cuándo podría producirse el próximo. A diferencia de las fallas andinas, visibles en superficie, las de la Cuenca del Paraná están mayormente enterradas bajo sedimentos, lo que dificulta su estudio directo y obliga a recurrir a imágenes satelitales y técnicas geofísicas para inferir su geometría profunda.

Para explicar qué es una falla, Folguera la describió como una fractura de la corteza continental de decenas de kilómetros de largo y hasta 20 kilómetros de profundidad, que permanece trabada y se desplaza cada cierta cantidad de años: un desplazamiento de centímetros genera un sismo de magnitud 3, uno de medio metro produce un sismo de magnitud 7, y un desplazamiento de dos metros puede generar un sismo de magnitud 8 o superior. En cuanto a la actividad sísmica del país, remarcó que la Argentina se encuentra junto a una de las cadenas montañosas activas más importantes del planeta, los Andes —junto con el Himalaya—, y que la mayor concentración de fallas activas en el país se da desde el centro de Neuquén hacia el sur, donde Chile presenta mayor actividad que Argentina. Sobre Córdoba, señaló que las sierras cordobesas son montañas activas, con fallas que producen sismos semanalmente perceptibles por la población —como la conocida falla al pie de la Sierra Chica—, ubicando el riesgo sísmico de Córdoba y San Luis en un punto intermedio entre el de la Cordillera de los Andes y el, mucho más bajo, de la Cuenca del Paraná.

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