Joaquín Rosas, integrante del Centro de Estudios Demos, habló en La Barra de Casal sobre un informe que muestra la informalidad laboral y los bajos ingresos de los jóvenes de 18 a 29 años en la ciudad de Santa Fe.
El estudio se hizo con datos del Panel de Hogares del Observatorio Social de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), con un recorte de población de 18 a 29 años y un período de 2022 a 2025. El último dato corresponde a 2025. El resultado es una radiografía «bastante crítica»: el 65% de los jóvenes que trabajan no aporta al sistema previsional, y esa informalidad se traduce en bajos ingresos. Además, seis de cada diez de estos jóvenes trabajadores expresan una necesidad económica apremiante y creen que es muy necesario transformar su situación económica y laboral.
Según el investigador, la situación empeoró entre 2022 y 2025. Los planes sociales, que hasta 2022-2023 funcionaban como refuerzo de ingresos bajos, perdieron peso: un tercio de quienes eran beneficiarios en 2023 dejó de recibirlos en 2025. Además, esos planes no se actualizan, por lo que inciden cada vez menos en ingresos que ya estaban deteriorados.
El informe muestra una diferencia entre varones y mujeres. En la muestra hay más varones, y su ingreso promedio es un 25% mayor. En 2025, un varón joven de la ciudad cobraba en promedio 558 mil pesos por mes y una mujer, 444 mil. Rosas planteó que hay que pensar cómo mejorar los ingresos de las mujeres, no solo para equipararlos con los de los varones, sino porque a junio de 2025 la canasta básica total superaba el millón cien mil pesos. Es decir, una pareja joven que proyecte vivir junta o formar una familia no alcanza a cubrirla. Señaló que no se está cumpliendo la promesa de terminar el secundario, acceder al empleo y salir de la casa de origen alquilando un departamento.
A su vez, el 13% de esta población es el principal sostén del hogar, una categoría que usa el Observatorio Social para definir quien más aporta a la vivienda y sus servicios. Entre ellos hay más varones que mujeres (18 contra 5), y Rosas estimó que los hogares sostenidos por mujeres probablemente están por debajo de la línea de pobreza. Nueve de cada diez jóvenes viven con alguien más o en su hogar de origen, lo que, según dijo, afecta la autonomía y la posibilidad de pensar un futuro propio.
Al no tener aportes jubilatorios, estos jóvenes tampoco cuentan con obra social, aguinaldo ni vacaciones pagas, y terminan en el sistema público de salud. Rosas indicó que esos derechos laborales no son una realidad para dos de cada tres jóvenes; solo uno está empleado en blanco. Más del 60% de la muestra trabaja en relación de dependencia, con contratación muy informal, por lo que no se trata de jóvenes emprendedores con ingresos menores por el tamaño de su negocio. Trabajan solo para subsistir, entre 6 y 8 horas en su gran mayoría, con excepciones como un docente investigador o un changarín. Eso dificulta estudiar, especializarse, cuidar a la familia o compartir con otros.
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