Ivana Pintos, integrante de la Federación de Cooperadoras Escolares de Santa Fe, habló en el programa La Barra de Casal sobre el fuerte aumento de la demanda en los comedores y copas de leche escolares, y confirmó que hay estudiantes que llegan a la escuela sin haber comido, al punto de sufrir descomposturas en el aula.
Pintos explicó que cada vez llegan más consultas de padres y alumnos para abrir o ampliar el servicio de comedor o copa de leche. Actualmente, el gobierno provincial destina 573 pesos por copa de leche y 1.374 pesos por un plato de comida, montos que —por ley— deben actualizarse cada cuatro meses según el índice de precios provincial (IPEC), que en el último período subió 9,3%. Para dimensionarlo, señaló que un litro de leche cuesta 2.000 pesos y rinde cuatro tazas, dejando apenas margen para el resto del menú.
Pintos confirmó que hay chicos que llegan con hambre, y lo vinculó al cierre de comedores y ollas populares. «Para muchos esa es la única comida del día, la que reciben en la escuela» y contó el caso de una alumna adulta de un terciario que se desmayó en clase tras trabajar todo el día, porque comer fuera de su casa le resultaba más caro de lo que podía pagar. También remarcó que las escuelas con comedor ya no son solo las de barrios periféricos: la demanda llegó incluso a instituciones céntricas y centenarias que nunca antes habían tenido el servicio. El trabajo de los cooperadores, aclaró, es enteramente voluntario y honorario.
El gobierno provincial cuenta con información sobre quién trabaja y estudia, a través de una ficha que completan los alumnos al ingresar al sistema educativo, pero la Federación no detectó ningún organismo abocado a resolver el problema puntualmente. Su rol, explicó Pintos, es visibilizar la situación, acompañar los reclamos y, si hace falta, generarlos ellos mismos. Recordó que a principios de año se logró un aumento del 10% en las raciones y que monitorean si esa respuesta se sostiene.
Con poco más de 1.000 pesos para un plato y algo más de 500 para la copa de leche, el dinero alcanza para muy poco. Y no es solo un problema de los más chicos: hay adultos que trabajan y estudian y tampoco logran cubrir su alimentación, al punto de desmayarse en clase por no comer en todo el día.