Mariano Schor, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Delegación Rosario, habló en el programa La Barra de Casal sobre el anuncio realizado por el Ministerio de Economía de la Nación de otorgar 18.000 créditos hipotecarios, y explicó cómo funcionará el nuevo esquema y qué efectos puede tener sobre el mercado inmobiliario y la industria de la construcción en Rosario.
Schor explicó que la medida consiste en que los bancos tomen crédito de un fondo de garantía —a una tasa de entre el 4,5% y el 5% a un plazo de entre 4,5 y 5 años— para luego prestarlo a los usuarios finales. Esos créditos a los usuarios se otorgarían a una tasa máxima de UVA + 7,5%, a devolver en plazos de 20 a 25 años, según defina cada banco al salir al mercado.
El sistema, aclaró, está atado a la inflación a través del coeficiente de variación salarial que actualiza el UVA, por lo que su sostenibilidad depende directamente de que la inflación se mantenga baja: con una inflación mensual del 2% el esquema es viable, pero con niveles del 20% o 30% mensual el sistema deja de ser sustentable, tal como ocurrió en el pasado.
El titular de la Cámara señaló que este tipo de esquemas —utilizar fondos de pensiones para financiar créditos hipotecarios a largo plazo y tasas más bajas— ya se aplica hace años en países como Chile, Brasil y Estados Unidos, donde el crédito hipotecario tiene un rol mucho más activo que en la Argentina.
Sobre el destino de los créditos, aclaró un punto clave: no están orientados a la compra de viviendas «en pozo», sino a primera vivienda ya construida, ya sea para ampliación, refacción o compra de una propiedad usada. La llamada «hipoteca de bien futuro» —reglamentada en la provincia de Santa Fe— queda fuera de este esquema. Según Schor, el monto máximo rondaría los 200.000 dólares, con financiamiento de hasta el 80% del valor de la propiedad y cuotas que se acercarían al valor de un alquiler de un departamento de dos ambientes.
Consultado por los valores actuales del mercado en Rosario, estimó el metro cuadrado promedio —entre propiedades usadas, nuevas y en pozo— en torno a los 1.500 y 1.600 dólares, aunque aclaró que varía según ubicación y superficie. También reconoció que el costo de construcción subió en pesos mientras el valor de venta se mantuvo más contenido, lo que redujo los márgenes de rentabilidad del sector, un fenómeno que —dijo— acerca al mercado local a parámetros más parecidos a los de países desarrollados, y que exige a las empresas constructoras ser más eficientes y competitivas.
Aunque el crédito no financia directamente obra nueva, Schor sostuvo que el movimiento del mercado de usados puede generar un «derrame» hacia la construcción: al venderse una propiedad, ese dinero suele reinvertirse en otra compra, lo que reactiva la cadena de inversores, constructoras y mano de obra. Recordó que la actividad estuvo bastante parada durante el primer semestre del año y que recién entre mayo y junio comenzó a notarse cierto repunte en Rosario.
Por eso, desde la Cámara celebran el anuncio pese a que hubiesen preferido que alcanzara también a la vivienda nueva, ya que consideran que cualquier dinamización del mercado inmobiliario —tanto en la venta de usados como en refacciones y ampliaciones— termina traccionando trabajo genuino para el sector.