Diego Borinsky, periodista deportivo y autor de la biografía oficial de Lionel Scaloni, habló en el programa La Barra de Casal sobre cómo surgió el libro, la faceta más humana del entrenador de la Selección Argentina y su mirada sobre el presente del equipo en el Mundial.
Borinsky contó que su vínculo con Scaloni era mínimo —una sola nota telefónica en el año 2000— hasta que, a través del representante del técnico, se gestó la posibilidad de escribir su biografía autorizada. El proyecto avanzó a través del entorno de Scaloni y recién pudo concretar el primer encuentro personal en noviembre de 2024, más de un año después de haber cerrado el acuerdo con la editorial. Para construir el libro, Borinsky realizó más de cuarenta entrevistas: exjugadores, extécnicos, los seis integrantes del cuerpo técnico, y también la familia de Scaloni —su mujer, sus hijos, su hermana Corina y sus padres en Pujato—, además de haber viajado a Mallorca para entrevistarlo en persona. Entre las anécdotas que reflejan la calidez del entrenador, Borinsky recordó un pequeño grabador que había olvidado en un primer encuentro, y que Scaloni le devolvió meses después en Mallorca sin que se lo pidiera expresamente, un gesto que el periodista interpretó como un signo de su carácter atento y resolutivo.
Uno de los ejes centrales del libro es la coincidencia, entre todos los entrevistados, sobre la naturalidad y la calidez de Scaloni: alguien que, pese al éxito, mantiene los pies sobre la tierra. Borinsky remarcó que se trata de una persona muy emocional, al punto de haber comenzado terapia después de ganar el Mundial de Qatar, cuando —según contó— «le cayó la ficha» de todo lo vivido de forma muy intensa y repentina. Esa sensibilidad convive, sin embargo, con una capacidad de tomar decisiones difíciles sin dudar, como la de dejar en el banco a jugadores de la primera hora del ciclo, entre ellos Lautaro Martínez y Leandro Paredes, en el Mundial pasado.
El periodista dedicó buena parte de la charla a explicar cómo Scaloni logró sacarle presión a Lionel Messi, algo que —recordó— derivó en que el capitán empezara a convertir en instancias de mata-mata mundialista, algo que no lograba en los cuatro Mundiales anteriores. Según relató, ese cambio se gestó desde el inicio del ciclo, en 2019, cuando el cuerpo técnico bajó a Messi «del póster» y lo trató como uno más del grupo, además de haber logrado, con la Copa América de 2021, romper una sequía de 28 años sin títulos con la Selección mayor.