Diego Rubio, integrante de la Asociación de Panaderos, habló con el móvil de LT3 y trazó un balance del invierno para el sector: estancamiento en las ventas, entre un 30% y un 40% de la capacidad operativa parada y una boleta de energía eléctrica que ya duplica el valor de un salario promedio.
El balance del invierno, según Rubio, fue similar al del año pasado: el sector no logró recuperarse de la fuerte caída posterior a la devaluación, aunque al menos no siguió cayendo,. Hoy el comercio y la industria panadera de Rosario trabajan con entre un 30% y un 40% de su capacidad operativa parada. Rubio remarcó que están preparados para vender mucho más y que aplican promociones y lanzan productos nuevos para sostener las ventas, pero que falta el acompañamiento del bolsillo de los clientes para revertir la situación.
En materia de insumos, señaló que la harina aumentó cerca de un 15% por su vínculo con el mercado internacional, pero que el problema más grave es la energía eléctrica: una panadería paga en promedio una boleta de 5 millones de pesos, cuando históricamente el costo de la luz equivalía a entre un sueldo y un sueldo y medio, y hoy, con un salario promedio de 1.300.000 a 1.400.000 pesos, ese costo, por lo menos lo duplica.
Rubio explicó además que el resto de los insumos había subido cerca de un 100% entre marzo y mayo, y que si bien dejaron de aumentar —e incluso algunas margarinas o grasas cayeron un 10%—, se mantienen entre un 80% y un 90% por encima de los valores del año pasado. Sobre el consumo eléctrico, aclaró que en verano, aunque se produce menos, el costo de energía no baja, porque los motores de frío deben trabajar más para conservar la mercadería, mientras la venta cae. Contó que antes ese período se cubría con lo ahorrado en invierno para poder pagar los aguinaldos de fin de año, pero que desde hace algunos años eso dejó de ser posible: en su caso, el año pasado llegó a marzo con deudas de AFIP y con los sindicatos, que recién pudo saldar a mediados del invierno, lo que lo dejó con menos reservas para afrontar el verano siguiente. Aclaró que su situación es más sostenible porque el local es propio y no paga alquiler, pero remarcó que muchos otros comerciantes sí están en riesgo de cierre, y lamentó ver empresas familiares con muchos años de trayectoria atravesando esa crisis.